Opinion

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Eliécer Otaiza, Miércoles, 30/04/2014
A los 358 días de su muerte, Mi Comandante, en medio del dolor y el vacío, siento lo fuerte de la Revolución al constatar todo lo que hizo usted acompañado de su pueblo. Y me pregunto entonces todo lo que nos falta hacer por nosotros mismos.

Escuchar y comprender la naturaleza de nuestro comportamiento para existir y convivir como seres humanos, se lo debo a usted. Buena parte de mi formación histórica, intelectual y política, la aprendí con usted. Mi textura, composición y estructura revolucionaria anticolonialista, antiimperialista la forjó usted; de igual forma mi tolerancia, mi carácter, mi prudencia y el valor del guerrero tiene su direccionalidad y ritmo. El conocimiento, la sensibilidad y el disfrute de compartir con el pueblo, es posible gracias a su eterna presencia entre ellos.

El haber participado con usted, desde mi formación como cadete, en la Casa de los Sueños Azules, me ha hecho revolucionario. Estudié, analicé la doctrina gringa y su influencia en nuestro Ejército Libertador. Esa que trató de eliminar, borrar la ética, las virtudes, las hazañas de nuestros próceres, para convertir a la institución armada bolivariana en fuerzas pretorianas, guarimberas obligadas a masacrar al pueblo ante la imposición de paquetes capitalistas.

Como soldado, acompañarlo en la rebelión del 4 de febrero y después del 27 de noviembre, bajo sus órdenes, significó compartir, luchar y combatir con aquellos insurgentes, que luego se multiplicaran para acompañarnos en nuestra gesta patriótica. La cárcel me permitió conocer de usted y otros combatientes su gran capacidad de liderazgo y su gran visión como estadista, en medio de dificultades y angustias; además de compartir, construir, la participación popular y la teoría y práctica constituyente, pacífica y democrática para llegar a gobernar el país. Escucho su voz revolucionaria en el Himno Nacional coreando esa filosofía constituyente.

Difícil ser su escolta como Presidente y trabajar en la seguridad presidencial y política; en medio de conspiraciones, entre Salazar Rodríguez, Peña, Miquilena y los ejércitos de parásitos cadivistas, todos dirigidos y respaldados por el imperio gringo-europeo. Sus maniobras, dispositivos y acciones para quitarnos las mayores reservas petroleras del mundo e invadir al país para tener la cabecera de playa en el continente con las más grandes reservas de agua dulce del planeta.

Todo esto sirvió para mi crecimiento, maduración y preparación, –política, moral e intelectual–. Tengo el orgullo de ser leal por sobre todas las cosas ante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y todas las conspiraciones, sabotaje, donde la traición, deslealtad, negocios los ha llevado a justificar al mismo Satanás, aún con toda la persecución en mi contra. En mis responsabilidades gerenciales administrativas no he agarrado el dinero público para enriquecerme, no tengo testaferros ni cuentas secretas extranjeras. Hasta mis hijos están en escuelas públicas bolivarianas, porque al primero no lo aceptaron por chavista en el Emil Friedman, además de no tener los recursos para pagarles los colegios de “calidad”.

La felicidad y el orgullo de dirigir la Misión Robinson con usted, enseñando a leer y escribir a tantas personas. Hacerme campesino luchando contra el latifundio y conectarme con la tierra para la producción, con su cultura, tradición, folclore y el trabajo, es la satisfacción más grande que usted me ha dejado. La fuerza que me da escuchar Linda Barinas, Florentino y El Diablo o Fiesta en Elorza, me desprende y eleva hacia mi lucha eterna por la libertad.

Desde el momento que me dijo “que mi trabajo era cuidarlo a usted en el pueblo, en lo político, en lo ideológico” y tener que asumir ese camino solitario, difícil, contradictorio, complejo del día a día popular; desde las necesidades, la cotidianidad, donde el espíritu y el alma se hacen fe y lucha, como arma política para la libertad y la independencia; me ha tocado asumir y enfrentar la lucha de poder, los grupos de intereses y negocios. En medio de esto, he podido admirar aún más su capacidad y su liderazgo, entre la diversidad y pluralidad de estos factores y de estos individuos, que actúan en la construcción de la Revolución Bolivariana, socialista, pacífica y democrática.

El mayor de mis reconocimientos es al soldado Chávez, que durante su enfermedad y agonía me demostró la firmeza, la voluntad, el desprendimiento por su pueblo y su Patria. La entereza y la valentía para enfrentar el destino y la muerte, aún en medio del ataque despiadado del imperio y sus lacayos. Decisiones políticas, orientación y claridad como la Luna llena para la transición de su despedida física. Mi reconocimiento por la nobleza de su espíritu, de su sentimiento y el gran amor hacia sus hijos, nietos y familiares. Fue crucificado por haberse entregado a su pueblo redentor, bolivariano.

Todo esto, me da fuerza para luchar, y dispuesto estoy a que mi cuerpo repose en el mar de Venezuela.

Santoral Florentino y el Diablo

Es quien lo viene a buscar.
Mucho gusto en conocerlo
tengo señor Satanás.
Zamuros de la Barrosa
salgan del arcornocal
que al diablo lo cogió el día
queriéndome atropellar.
Sácame de aquí con Dios
Virgen de la Soledá,
Virgen del Carmen bendita,
sagrada Virgen del Real,
tierna Virgen del Socorro,
dulce Virgen de la Paz,
Virgen de la Coromoto,
Virgen de Chiquinquirá,
piadosa Virgen del Valle,
santa Virgen del Pilar,
Fiel Madre de los Dolores
dame el fulgor que tú das,
¡San Miguel! dame tu escudo,
tu rejón y tu puñal,
Niño de Atocha bendito,
Santísima Trinidá.

Este artículo lo publicó Ciudad CCS el 5 de marzo en la edición con motivo del primer aniversario de la siembra del Comandante Eterno Hugo Chávez

 

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